Volvé a Jugar -clip




Martina Gadea
presenta su primer disco: "Volvé a Jugar"


y La Verdad amoraL tubo el honor de producir
modestamente su primer video clip
desde córdoba hacia montevideo para el mundo:

"Volvé a Jugar"
Martina Gadea
dirección: Daniel Sampieri



Mara de Troya


Si la belleza es capaz de engendrar belleza, solo necesitas hurgar dentro de ti para desprender las canciones más hermosas. Mara, generadora de vida, eres la estrella cuya luz me alcanza demencial pero desde hace millones de años, fuiste extinguida en tu universo, desaparecerás de la contemplación del hombre, pero no se debe enterar aún. Eres musa de ti misma, porque la ausencia es una obra de tu arte también.

Sin embargo, jamás creaste una canción para mí. Si yo tuviera ese don te habría visto nacer; en cambio yo no he nacido todavía. Así como tu belleza tardará millones de años en apagarse, yo tardare la misma inmensidad en surgir. Mi limbo es de durazno como tu vientre, desde su obscura luna escribo mi canción de amor que no nacerá tampoco porque soy muy torpe, mis manos carecen los dedos. Mi condición de mortal, como el universo, como la música, como vos, es la única virtud que me hace parte de ti. Y mi gran consuelo es la certeza de una pena que se apagará también, cuando se me apagues tu voz.


Espacio Disparate es ese durazno de nuestra primera soledad que abriga a su niño prodigio destinado a nacer: Lucio Mantel, cuyo grito por un despertar necesario dibuja visuales de batallas propias y personajes inasibles como el tiempo, la nostalgia, el silencio y la deseperación figurados en trazos concretos como un reloj, una sombra, un quejido sin voz, un tunel o un espejo o un desierto. Porque el confort de un vientre nada tiene que ver con el heroísmo, es aquel niño mitológico que morirá en Troya, embriagado por el licor de las musas y el encantamiento de Mara, progenitora de su soledad ocre.


xDanielSampieri


















registradoxLaVerdadamoraL.com.ar

la tribu de tu calle...




















Diógenes en Baires


A la madrugada ella, gris, citadina, indiferente; y además mi hermano perro custodia su jardín pedroso, hermano eunuco con tus compatriotas. Tu amo reconoce en ti la angurria, no te desatenderá, pues vomitará en los pasillos porteños, la aurora plomiza y glacial, no te desatenderá. Aunque cargues una veda carnal, desde cachorro hasta que me pierdas, una mazmorra es la gran esperanza, la libertad, no te desatenderá. Aunque la condena infinita no desate del suelo, no te libere jamás de la tierra, eres un insecto de alas superfluas, no te desatenderá.
Soy el toro que combate la paranoia, mi aleteo es inválido, postrado encima de ti, su laberinto de habitaciones como barrios, una vena plástica muerde el don que drena mi brazo. La casa enorme, recoleta del despeñadero –camino propicio de vientos y albedríos añiles que golpean el muelle, con una bandera izada; que aún rechazas porque eres un perro bien.
La promiscuidad siembra en mis párpados el hedor del amor corrompido, dormimos en una cama gigante de hormigón esperándola, fumando basura de calidad, bebiendo su beso helado de los vidrios, la traición es ingenua; ya es suficiente, el amor no vendrá, es la Eva que Adán perdió en un holocausto. Custodia, hermano, a la diosa pestilente, sin embargo, erguida entre edificios del microcosmos porteño, la mujer de Lot.
-Bulímica, dilata sus fauces con la manipulación, le devuelve al río sus cadáveres, sus espectros, entera mi vida en un vómito que te alimenta, hermano perro, la simiente que no supe guardar del pudor, de su mirada con ripios (pero que continúe su risa enajenada, mas por no consentir el desborde de mi soledad, ni mis ruegos, corresponderá más a la aversión la venganza en mí reactiva), sin embargo conspiro: me refugio en su vientre de mirra y fosa seca, pronto lograré la conclusión de mis noches y el insomnio, me mudaré de ciudad, viajaré hacia donde el sol no exista pero definitivamente y Polonia continuará mi romanticismo lloviendo sus dedos sobre los dientes y las caries.


xDanielSampieri

Raiz Profunda no sabes del Miedo

La Fatalidad es carroñera; me sigue sigilosa, ronda sobre mi cabeza con alas extendidas, una cruz obscura suspendida en el cielo de mí espera pacientemente una distracción. Quiere devorar mis días, mi historia, mis dis­cos. Mientras tanto, roe de los cuerpos que dejo en el camino. Sobrevive de la sangre derramada y mezclada resabios cada vez que ofrezco holocausto a mi Dios. Con hambre ca­llada aguarda militante que yo me enamore de nuevo.
De noche también me escolta: viste la blan­cura de Selene y con sus ojos enormes -hoy me siguió hasta Carreras...
La exclusividad de un sitio es inversamente proporcional al interés que pudiera desper­tar en mí. Una pulpería de estancieros, no de gauchos ni de indios. Templo de culto gringo en el cual se congrega cada finde la corrección rubia, carnívora, que emerge de los hormi­gueros privados edificados por la zona. Pero el matiz fue opacándose convenientemente gracias a Catupecu; se disipó una mancha de remeras negras por entre las grietas del che­taje cordobés. Remeras de Sumo, del Carpo, de Patricio Rey. El pueblo ajustició la banda. La conciencia me acariciaba el alma saber que yo permanecía de este lado de la valla. (En Varsovia también existió una valla extensa de alambre en tela dividiendo una ciudad; por este lado el ghetto mártir, por el otro el sector vip -el que ha visto una valla las ha visto todas.) Fernando confundirá su discurso cuando en­tre temas intente agradecer con demagogia chauvinista y simplona; el pueblo de Catu­pecu viste remeras negras y jeans, no vesti­dos de diseñador marica y frívolo. Carreras es la exacta personificación de Herodes en la ópera rock Jesucristo Superstar libreto de Tim Rice y música de Andrew Lloyd Webber (el director Norman Jewison la llevó al cine en 1973), y Fernando Ruiz es aquel Cristo en pleno juicio, pero al que le cuesta demasiado decidir entre una vida abundante y prolonga­da, o una muerte heroica y justiciera.
Notable y alarmante doble personalidad; Fernando Ruiz habría llegado a mi alma a través de un niño compositor precoz, místico, profundo y refinado, insatisfecho de nuestro lenguaje adolescente carenciado y básico. Comprometido con esta oportunidad para pocos que le dio su talento de producir obras conceptuales. Pero en sus vivos se convierte en Dr. Jekyll, en la bestia rock. Aún dejando la otra mitad en Baires Catupecu es un tigre vo­raz apresando con garra aplastante un buey amplificador. Los instrumentos conectados a los músicos vía intravenosa, junto a la barba­rie del líder conforman un despliegue gladia­dor de cuatro caballos de fuerza -no tendré resto más que para rechazar mi hipocresía: no otra cosa vine a presenciar, me dieron el desorden estético que necesitaba, la misma dosis que deformó a Jekyll y su guitarra im­provisada anárquica...
Un track del Flaco, una reversión de Fernan­do Ruiz. Debería enorgullecer pero no me sale. Monopolio, multimedios; la Fatalidad es un dengue que crío larvas en radios estancadas, pienso y sonrío por la astucia. Posee derechos de autor; Seguir viviendo sin... no le pertenece más a Spinetta. La Mega carroñera se la de­voró y viene por más, por mis días, mi historia, mis discos. Se está devorando Magia, veneno;
Fer abrí los ojos por favor.
No encuentro foro para vertir esta denuncia. Qué canción encabezaría mi marcha univer­sitaria, mi corte de ruta, mi ayuno de protesta, si ella se ha empaquetado todo con saliva de araña. Un rock nacional que ayer fue cable a tierra armada de coraje y guerrilla, hoy con­vertido en pieza añeja de museo, y como tal exhibida con su arqueología distante. Oíste hablar de un cuarto poder. El que invade a Irak, el que imperializa, el que nos vende am­burguesas. El mismo que hoy especula con tu patriotismo consumidor y controla y modera con oído facho el nuevo rock, las nuevas le­tras, que lo mínimo subversivo aceptable no supere límites de agitación sino de góndolas únicamente, o de taquilla en estadios o clu­bes. Hoy somos un producto más accesible, más snob.
Precisa y lúcida sentencia identificatoria de Luca Prodan con la decadencia cultural de un país arrasado por el proceso cuando logró personificar a la infinita rubia tarada y la ne­cesidad de excluirla de nuestro patrimonio... hoy la misma rubia tarada presencia a Catu­pecu Machu en Carreras del otro lado de la valla, en el prestigioso sector vip, mientras que nosotros naufragamos en un pogo aus­piciado por una lata de cerveza...
Antes del recital me preparé la tristeza con el disco que me regalaste. No fue un oso de felpa ni una carta melosa ni un chocolate efí­mero ni un dibujo sin talento, fue un disco conceptual el que me diste, me has conocido bien, raíz profunda...
La Fatalidad es carroñera, viene a llevarse mis días, mi historia, mis discos, pero mi miedo más terrible y desolador es que además quie­ra llevarse a mi hermano.


xDanielSampieri

































registroxLaVerdadamoraL.com.ar

Martina Gadea -clip

Martina Gadea
presenta su primer disco: "Volvé a Jugar"


y La Verdad amoraL tubo el honor de producir
modestamente su primer video clip
desde córdoba hacia montevideo para el mundo:

"Volvé a Jugar"
Martina Gadea
dirección: Daniel Sampieri